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Las madreñas

El origen de las madreñas es incierto, pero se puede hablar de la evolución del calzado de madera hasta llegar a la madreña empezando por una simple tabla atada al pie por medio de correas, pasando por las sandalias, las galochas (suela de madera y empeine de cuero) y los zuecos. Su uso está muy extendido para realizar las labores en la cuadra o en las huertas, se suelen tener en el zaguán o porche de las casas, así que cuando se sale para trabajar se las ponen y al volver con una simple sacudida se las quitan, pues no es costumbre entrar con ellas en la casa.
Las madreñas o almadreñas, los zuecos, las albarcas o abarcas, la galocha y la zoca gallega, hacen referencia a un tipo de calzado fabricado, por lo general de forma artesana y en madera, y de una sola pieza. Fueron utilizados, y aún se usan en áreas rurales del Norte de España y en especial en Asturias, como calzado de trabajo en el campo y la huerta, además de calzado protector de la humedad en fábricas de conserveras, explotaciones y escombreras mineras, granjas y lugares con mucha humedad.

      

 Hablar de madreñas es hablar de una cultura, como la rural, que en Asturias convivió durante decenios con caminos sin asfaltar, y caleyas encharcadas que requerían de un calzado autóctono que solucionase la cuestión de caminar sin embarrarse demasiado.
El clima húmedo y lluvioso de Asturias hizo necesario el calzado de madera, idóneo para los caminos embarrados y los campos mojados, presente en diferentes áreas de la Cornisa Cantábrica.
Se desarrolló la madreña de escarpín en el pasado, robusta y de boca cerrada, en comparación con las actuales madreñas de zapatilla. Su característica era un taco corrido en la parte delantera, y sobre todo la abundante decoración, excepcional en las madreñas, que se desarrolla en bandas concéntricas y contiene claros motivos de la cerámica castreña. También se fabricaron zancos y posteriormente los chanclos, realizados en goma.   

      

 Para facilitar su fabricación se trabaja la madera aún verde de aliso, haya o nogal en las piezas de adorno la más utilizada es la de abedul (más blanda pero poco duradera si se usa para la labor del campo).
En las madreñas pueden describirse las siguientes partes:
• Pico: Parte superior delantera.
• Papo: Parte delantera o curva frontal.
• Capilla o tapa: Parte delantera superior que cubre los dedos.
• Boca: Abertura por donde se introduce el pie.
• Flequillo: Rebaje que bordea la boca por la parte superior.
• Casa: Cavidad interior que ocupa el pie.
• Calcañar: Parte trasera.
• Pies: Los tres soportes o tacos inferiores, dos delanteros o tacos y uno posterior o talón, para colocar los tarugos.
• Tarugos: Suplemento de madera que se va reponiendo cuando se desgastan o rompen al caminar. Suelen estar hechos de madera de avellano o roble joven. En las últimas décadas en vez de tarugos se han colocado clavos o tacos de goma.
Para hablar de madreñas por supuesto tenemos que pensar en Asturias, aunque este tipo de calzado no es exclusivo de la región, sí tiene unas señas de identidad que la distinguen dentro de nuestro país, aunque hoy por hoy ya pocos vínculos quedan con nuestras raíces.
En la zona centro-occidental existe una tipología propia dentro del contexto de la fabricación artesanal de madreñas. Difícil es establecer unos límites, ya que tenemos múltiples casos de "hibridismo", debiendo tener en cuenta siempre el lugar de nacimiento y de quien aprendió el oficio el artesano.   

      

   Operaciones del proceso de elaboración de la Madreña:
-Baltar.- Cortar el árbol. Tronzar-cortar el tronco en trozos
-Fender. -hendir longitudinalmente el tronco
-Moldiar.-desbastar el tronco con el hacha, dándole cierta forma
-Aponer.-dar forma con el hacha a una madreña aislada
-Azuelar.-rebajar la forma de la madreña con lazuela
-Petiar.-abrir el hueco de la boca con la zuela
-Gurbiar.-rebajar el interior con la gurbia, dando forma al talón
-Taladrar.-ahuecar la casa de la madreña
-Llegrar.-rebajar y limpiar el interior y la casa de la madreña con la llegra
-Rayer.-acuchillar el exterior de la madreña, con el raseru
-Cepillar.-acuchillar el exterior de la madreña con el cepillo
-Esbocar.-arreglar y reparar la boca de la madreña
-Pintar.-hacer la talla o dibujos
-Afumar.-ahumar la madreña para dar color y protegerla
-Nidiar.-frotar la superficie de la madreña para dejarla lisa
-Sacar brillo.-untar con sebo las madreñas después de ahumadas
  
Tras cortar a hachu un árbol joven, preferentemente en luna menguante y ladera orientada al norte, se sierra transversalmente con el tronzón, cuando da para mas de una madreña se fiende con cuñas. Se hace un primer desbaste a hachu (aponer) rebajando la papá y marcando la boca, se insinúa la cumbrera de la tapa y se da cierta forma al picu de la futura madreña. Con la zuela de dos cortes, con el ancho, se comienza a rebajar la boca y repasar el calcañal y la tapa, luego se retocan los peales y el papu. Con el corte estrecho se hace el vaciado del hueco de la boca (petiar) luego los bordes del costechar y el calcañal. Dado que el espesor de la madreña es mínimo, cualquier mal golpe arruinaría el trabajo. Se termina definiendo los peales y dando a la delantera su forma definitiva, definiendo la pieza su forma exterior. Posteriormente a la madreña se la fija al burro por medio de cuñas y se le aplica el taladro y así la casa empieza a ser una realidad, rebajando también el espesor de las paredes y la tapa. Con la gubia se talla verticalmente el calcañal y el costechar por el interior, comprobando por primera vez el madreñero las medidas con la vara de medir. Ahora el artesano madreñero, con la llegre, que puede ser de varias formas, adaptándose al cometido, repasa todos los rincones de la madreña. El siguiente paso es acuchillar y alisar con el raseru colocando un cojín en el pecho para evitar posibles cortes, pasándole varias veces para ver que zonas tanto de los peales como la tapa como los costechares necesitan ser retocadas. Con el cepillo se da un repaso final a la zona del calcañal y de la papá tras lo cual ya se pueden comparar ambas madreñas. La siguiente tarea consiste en desbocar la madreña con el cuchillo, durante la cual la madreña se apoya sobre las piernas y se inmoviliza con la otra mano. Primeramente se da a la boca su forma final, y se van haciendo pequeños retoques, tanto en los peales, calcañal y borde de la boca. Tras la repetición de la operación con la segunda madreña el par ya esta listo para afumar. Con la madreña ya ahumada, se limpia por la petiaura llegrandola, inmovilizándola entre las piernas. Luego se la unta con una pelleja de tocino y el madreñero hace el dibujo (pintar o tallar). Con la limpieza del borde de la boca con ayuda del cuchillo y los últimos retoques de la llegre concluye el proceso de elaboración de la madreña. Han pasado unas dos horas y media desde que el hacha comenzara a golpear la madera.          

     

 Tuvo un empleo indiscriminado en cuanto a edades, sexos y clases sociales, las madreñas, pues, cumplían en la sociedad una misión democratizante, utilizándolas igualmente el mendigo que el sacerdote, el campesino que el médico rural. No escasean quienes se dedican a hacer madreñas, durante el invierno, época en la que no existe la perentoriedad de otros trabajos; y lo mismo en pueblos de la costa que del interior, aunque en algunos, por tradición o por ser zona en que existen maderas adecuadas, se intensifica más esta labor; así, en el concejo de Caso se exportan madreñas desde diferentes pueblos, a veces sin terminar totalmente las piezas, debiendo ser rematadas en los lugares de destino. La madera empleada para la confección de las madreñas es de castaño, aliso, sauce, haya, nogal, abedul, humero y salguera, las de esta madera se estiman por su resistencia y ligereza.   

 

 Hay madreñas que suelen usarse sólo con escarpines: son de boca más estrecha, el pie queda en ellas más justo, por lo que se camina con más firmeza, se suelen barnizar y se acostumbra a meterles yerba para mullir el pie. Otras son para usarlas con zapatillas, y tienen la boca más ancha. Antiguamente era frecuente utilizar las madreñas con los pies descalzos, metiendo asimismo yerba para impedir las posibles molestias.
De los más de mil madreñeros en activo, que probablemente existían en Asturias hace todavía cincuenta años, apenas una docena se mantienen hoy como profesionales. De ellos, unos dentro de la categoría de industriales, mientras los restantes tal vez accedan a elaborar algún par, totalmente artesanal por encargo. Caso, Somiedo, Teverga, Cangas de Nancea pueden ser los concejos en los que aún hay posibilidad de encontrar alguno de estos artesanos.
La repercusión de la producción madreñera en la economía rural de Asturias ha sido enorme en épocas pasadas. La venta de madreñas permitió a muchas familias contar con unos modestos ingresos, tal vez los únicos. Lo común era la venta en los mercados de los concejos y en menor medida en comercios especializados, aunque también se practicaba el servicio a domicilio, en el que el madreñero, mantenido y alojado, proveía de madreñas al grupo familiar para una buena temporada.   

      

No es posible separar Asturias de la madreña: las tradiciones, la indumentaria, los documentos gráficos, las alusiones humorísticas y la memoria aún reciente de sus habitantes lo atestiguan.
La madreña representa el último estadio evolutivo de la familia del calzado de madera, que se extiende por amplias zonas de la Europa latina y germánica. La diversidad tipológica parece confirmar que la cordillera Astur-cantábrica ha sido el núcleo de difusión de este calzado. Las frecuentes lluvias que propician las
caleyas embarradas en el medio rural, la existencia de lamas o prados anegados y una escarpada orografía, con abundancia de bosques, que suministran la madera necesaria para su fabricación, son factores, que unidos a la tradición cultural han influido en la extraordinaria acogida que ha encontrado la madreña en Asturias.

 

 

Quedan aún muchas cuestiones por resolver sobre el origen de la madreña y su identificación con pueblos antiguos, pero en el Noroeste español se constata una clara correlación entre la zona de extensión de la madreña y la de los toponímicos de raiz «Bust», identificativa de pastos altos según Uría Ríu, y los que guardan relación con la raiz «Lama», de origen ambrón según Menéndez Pidal, indicativa de praderías naturales. Ambos casos apuntan a una asociación de la madreña con el pastoreo de vacas.

El estudio de la evolución de los tacos demuestra una sorprendente evolución para conseguir mejoras frente al desgaste, que se manifiesta en la tendencia a concentrar el apoyo y, consiguientemente, a reforzar los puntos localizados de éste, mediante herrajes, tarugos de madera o gomas.

Con la incorporación de las máquinas copiadoras en los trabajos más duros del proceso de fabricación de las madreñas, tales como el desbaste inicial con el hacha y azuela, o el ahuecado con taladro y legra, la tecnología invade el dominio de la artesanía popular y, paradójicamente, se detiene el proceso de mejora y desarrollo funcional de la madreña.

 La madreña tradicional es la de escarpín, así denominada por calzarse con este tipo ancestral de pantufla, hecha de sayal abatanado. Es una madreña robusta y cerrada de boca, la más antigua cronológicamente y representa en sus diferentes variantes los prototipos de las diferentes zonas, que han ido desapareciendo al mismo tiempo que el escarpín.
La madreña de zapatilla es el tipo utilizado en la actualidad, tras haber perdido las características formas y decoración de antaño. Como su nombre indica, se calza con zapatillas comerciales de suela de goma.

      

 La denominación de las diferentes partes de la madreña, de las herramientas y de las operaciones necesarias para su elaboración, varía de una zona a otra en consonancia con las diferentes variantes dialectales.
La operación tiene lugar en un taller, situado en el zaguán de la casa, bajo el hórreo, o en alguna dependencia anexa. También era común la elaboración en el bosque, furtivamente o adquiriendo un lote
de madera, donde se hacían las primeras operaciones de desbaste. Posteriormente se trasladaban al taller, donde se remataban.
El oficio de madreñero se compatibilizaba con las labores del campo y raramente se convertía en una actividad en exclusiva.
Todas las zonas de Asturias eran productoras de madreñas, pero Caso, Somiedo, Lena y Aller han sido los núcleos de producción principales, que extendían su influencia mucho más allá del concejo, incluso exportando considerables cantidades de madreñas hacia las zonas limítrofes de León.

 

 Para prolongar la vida de la madreña se aplican barnices o pinturas, pero hace aún cincuenta años era habitual un tratamiento de ahumado, que ha demostrado ser una excelente protección contra la humedad y los insectos xilófagos, facilitando también la decoración. Mientras en Quirós y Lena el ahumado se llevaba a cabo con helechos secos que producían una coloración rojiza, en el resto se ahumaban con cortezas de abedul y escobas de monte, resultando en este caso un color negro mate, que realzaba la belleza de la madreña.
Las hay de todas clases y condición, así como de todos los lugares del mundo, principalmente de la España cantábrica y la Europa continental. En el fondo se parecen a los zuecos de madera centroeuropeos, pero les ganan en altura y adaptación al medio, pues cuentan con un talón y dos tacos delanteros para mejorar el aislamiento de la humedad y el barro.

      

  Para hacer los dibujos que es frecuente ver en la parte superior de la madreña, se emplean una gubia estrecha o punzones; son adornos muy simples, reiteradores, geométricos, en forma de abanico, de conchas, con ritmos elementales.
La riqueza y variedad de la decoración en las madreñas en el Noroeste español, es incomparablemente superior a la de las otras zonas europeas y permite la clasificación de los diferentes tipos por zonas y su identificación con áreas dialectales

      

 En el irreversible proceso de industrialización sólo nos va quedando la añoranza de este elemento tan enraizado en nuestra cultura, que ha sido progresivamente desplazado por el arrollador empuje de calzados más cómodos, pero menos higiénicos e idóneos para la ejecución de las tareas propias de las áreas rurales.
Las madreñas fueron el calzado de generaciones y generaciones rurales, y los madreñeros, sus artífices, sólo empezaron a escasear con la aparición de otro tipo de calzado de goma, impermeable y más barato. En cualquier caso muchos son los que por hábito se siguen calzando estos zuecos, y también son muchos los que por romanticismo o nostalgia llegan incluso a coleccionarlas en los lugares más insospechados de Asturias y la Península. Es frecuente ver todavía algún par de madreñas a la puerta de las casas campesina a la espera de su usuario.

      

 El Museo de la Madera de Caso conjuga la relevancia medioambiental de esta Reserva Natural del Parque de Redes, a la vez, Reserva de la Biosfera, con la no menos relevante tradición maderera, que lejos de las explotaciones forestales indeseables, ha respetado a conciencia su naturaleza. Los montes siguen como hace siglos y la presencia del hombre no es nada soberbia. Para comprender mejor los méritos madereros de este concejo, puede uno acercarse al Centro de Interpretación del Parque, situado en la capital Campo de Caso.
Situado en Pendones a 9 kilómetros de Veneros, se encuentra el taller del madreñero instalado sobre un antiguo lavadero e inaugurado en 1999. Aquí es posible contemplar el trabajo de madreñero casino Luís Testón, observando la fabricación de este tipo de calzado y las herramientas necesarias para ello.

 

 

 

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