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El reino de Asturias

       EL REINO DE ASTURIAS

 El Reino de Asturias fue la primera entidad política cristiana establecida en la Península Ibérica después del colapso del reino visigodo. En sus primeras décadas, la extensión territorial del Reino de Asturias se limitó a los territorios de la cornisa cantábrica y sus comarcas adyacentes. Con posterioridad, los reyes asturianos iniciaron una vigorosa expansión que a principios del siglo X alcanzó el río Duero. Se considera que la historia del reino se inicia en el año 718, fecha de la elección de Don Pelayo como princeps o líder de los astures. El Reino de Asturias es el precedente histórico de la Corona de Castilla y del Reino de Portugal y tradicionalmente ha sido considerado el embrión de España. Según las descripciones de Estrabón, Dión Casio y otros geógrafos grecorromanos dichas zonas estaban habitadas en los albores de la era cristiana por diferentes pueblos, entre los cuales se pueden citar los siguientes: vadinienses, los orgenomescos, los lugones, los astures y los pésicos. En la época prerromana, la franja norte de peninsular entre el mar Cantábrico y la Cordillera Cantábrica estaba poblada por pueblos de tipo eminentemente indoeuropeo, de cultura céltica o protocéltica
Después de la invasión musulmana del territorio astur, en el año 719 tubo lugar en el monte Auseva la elección de Pelayo, en un concejo de hombres libres asturianos como princeps inter pares, que en este contexto podría significar primero entre iguales, como jefe de las tropas que combatirían al enemigo invasor. La monarquía asturiana arranca con la victoria en la batalla de Covadonga sobre las tropas musulmanas de Munuza en el año 722 dirigida por Don Pelayo que había sido nombrado rey e instaura su corte en la localidad de Cangas de Onís, su reinado dura hasta el año 737 que muere y es enterrado en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia y trasladados sus restos posteriormente junto a los de su esposa Gaudosia, a la cueva de Covadonga, donde reposan hasta la actualidad. En aquel entonces el reino asturiano apenas estaba habitado por unos miles de personas que poblaban los valles situados en los alrededores de Cangas de Onís que era la capital del pequeño reino. El impacto de la derrota musulmana y la creación de un reino cristiano libre motivo la llegada de muchos refugiados hispano-godos que huían del invasor musulmán y que fueron engrosando el ejército asturiano. Entre ellos se encontraba Alfonso hijo del duque godo de Cantabria don Pedro que don Pelayo casaría con su hija Ermesinda para así establecer una alianza con los cántabros.

 

 El sucesor de Don Pelayo fue su hijo Favila que governaria solo dos años del 737 al 739 cuando en una caceria fue muerto por un oso. En su tiempo de reinado juno a su esposa Froiluba construyo sobre un túmulo funerario un templo en honor a la Santa Cruz, consagrada el 27 de octubre del 737 según consta en la lápida fundacional, hoy en dia esta totalmente retaurada despues de su destrucción en 1936 quedando al descubierto el dolmen neolítico que se puede ver en la actualidad. Cerca del altar de la iglesia está enterrado el propio rey Favila. Dice la tradición que en el se custodiaba la cruz de madera de roble que Don Pelayo habia enarbolado en la batalla de Covadonga.

 

 Alfonso I el católico (739-757) casado con Ermesinda hija de Pelayo y hermana de Favila y dado que los hijos de este son muy pequeños asume el reino de Asturias y desde ese momento une sus fuerzas con las cántabras para luchar unidos contra el invasor árabe. De su matrimonio con Ermesinda tuvo tres hijos, Fruela que sucedió a su padre como Fruela I de Asturias. Vimarano, asesinado por su hermano y Adosinda, que sería esposa del rey Silo. Fuera del matrimonio, tuvo un hijo con una esclava musulmana llamado Mauregato, que sería posteriormente rey de Asturias.
El reino de Alfonso I, que duro dieciocho años, es el período de expansión más importante del reino asturiano, conquistando ciudades como Lugo, Porto, Braga, Salamanca, Zamora, León, Astorga y otras ciudades en el territorio de los vascones, extendiendo el imperio cristiano y formando frontera con los árabes en el rio Duero. Un conjunto de factores ayudan a explicar estas abundantes conquistas, las tierras norteñas fueron ocupadas por grupos beréberes, las rebeliones del pueblo debido a las escasas cosechas y la dureza del clima acompañado de que los árabes consideraban las tierras del sur más productivas, hicieron el resto.
Muchos de los habitantes de los territorios conquistados fueron trasladados a zonas más protegidas del reino astur para así poner las tierras en producción, generando una despoblación de los territorios entre la cordillera cantábrica y es Duero, esto contribuyo a la creación de una nueva sociedad menos nómada y cazadora convirtiéndola en una sociedad agrícola y ganadera más organizada. En ese periodo mando construir el rey Alfonso I numerosas fortalezas para protegerse de los enemigos musulmanes, la empiezan a llamar Al-Quila (Castillo) en referencia a sus fortificaciones, naciendo así la primera mención de Castilla, para denominar esos territorios. A parte de las incursiones militares, Alfonso I mostró una gran preocupación por engrandecer y enriquecer la capital de su reino, Cangas de Onís, potenciando a su vez la vida cristiana, fundó el monasterio de San Pedro de Villanueva y el de Santa María de Covadonga, lo que le valió el apelativo posterior de "El Católico". Alfonso falleció de muerte natural en 757 y recibió sepultura en la Santa Cueva de Covadonga, donde también fue sepultada su esposa Ermesinda.

 

 Fruela I de Asturias nacido en Cangas de Onís el año 722, fue rey asturiano entre los años 757 y 768, hijo mayor de Alfonso I, a quien sucedió en el trono, y de la hija de Pelayo Ermesinda, apenas se disponen de datos biográficos sobre los primeros años de su vida, aunque desde que era muy joven participo en las campañas llevadas a cabo por su padre y por su tío, tanto en Galicia como en el valle del Duero. A pesar de que sucedió a su padre en el trono, en esos momentos la corona del reino de Asturias continuaba conservando su carácter electivo. Así aunque probablemente fue asociado al trono desde su infancia, Fruela alcanzó el poder a la edad de 35 años, gracias a que contó con el favor de los nobles, los cuales consideraron a éste un digno sucesor de su padre y continuador de su obra. Casado en el año 760 con una joven noble alavesa llamada Munnia, que había sido tomada como rehén en la campaña llevada a cabo contra los vascones, fueron padres del futuro rey asturiano Alfonso II y también de doña Jimena.
Poco antes de la muerte de Alfonso I había llegado a Córdoba Abd al-Rahman I, el cual fue capaz, tras reafirmarse en el poder, de calmar la situación política y social de al-Andalus y esto afectó notablemente a los intereses de los cristianos del norte, que vieron como disminuían sus posibilidades frente a unos enemigos cada vez más unidos y por tanto más poderosos, propiciando numerosos enfrentamientos que sostuvo con las tropas del primer Omeya, se concretó en una expedición de castigo a tierras alavesas hacia el año 766. Los objetivos cordobeses serán las zonas extremas del reino asturiano, evitando en lo posible la tierra del Duero, destaca sobre todo la gran victoria que el monarca obtuvo en Galicia, concretamente en Pontuvio, el actual Pontedeume, donde el ejército de Fruela derroto a las tropas musulmanas enviadas por Abderramán I, emir de Córdoba, en esta batalla se tomó prisionero a Omar, hijo de un primo carnal de Abderramán, que fue degollado. Esta victoria sobre las huestes cordobesas permitirá a Fruela alcanzar la línea del medio y alto Miño, avance que se consolidará con la construcción de nuevos edificios religiosos y permite al monarca repoblar algunos lugares en Galicia hasta el río Miño, el cual marcó la frontera suroccidental de su reino.
Pero no fueron los problemas externos los que marcaron los once años de reinado de Fruela, sino los problemas internos de sus territorios que Fruela I tuvo que hacer frente al inicio de su reinado, una sublevación de los vascones, que intentaron sacudirse el yugo de la monarquía astur, con escaso éxito, ya que fueron frenados en una rápida campaña, además delos mencionados vascones algunos pueblos galaicos intentaron sublevarse aunque también en esta ocasión fueron sofocadas las rebeliones contra el poder central que demandaban mayor autonomía.
Tampoco contó en la última parte de su reinado con el apoyo del clero, sobre todo el de las altas jerarquías, puesto que tomó medidas en contra del casamiento, ya que consideraba una falta muy grave contra la fe que los altos cargos del clero mantuvieran relaciones con mujeres e incluso contrajeran matrimonio, abandonando así el celibato, por este motivo con el fin de evitar que se relajaran las costumbres entre los padres de la iglesia, dictó penas muy severas en contra de los que incumplieran sus órdenes, en las cuales además de incluir importantes castigos físicos, se obligó a muchos a ingresar en conventos indefinidamente.
Considerado tradicionalmente como el fundador de la ciudad de Oviedo Fruela fundó diversos monasterios de la Orden de San Benito, entre ellos el de San Vicente, que fue origen de la ciudad. Los problemas militares con algunos de sus súbditos, tuvieron su reflejo en la oposición que demostraron sentir hacia él un importante grupo de nobles de su reino, los cuales contrariados por algunas decisiones adoptadas por éste y por la extrema dureza de su carácter, optaron por formar un grupo de oposición entorno a su hermano Vimarano, el cual también era hijo legítimo de Alfonso I. Fruela ante la crisis que se le aproximaba decidió cortar cualquier intento de sabotear su poder, por lo que tomó la decisión de asesinar personalmente a su hermano, para evitar cualquier tipo de insubordinación. Tras el asesinato, Fruela tomó al hijo de este y lo hizo criar como un hijo suyo, tal vez tratando de reparar el daño causado con la muerte de aquél. Aun así, el homicidio de su hermano le provoco la enemistad de la nobleza, que se confabuló para asesinarlo en la corte de Cangas de Onís. Una vez asesinado Fruela, resultó elegido como sucesor al trono su primo Aurelio
Después de su defunción, el cadáver del rey Fruela I recibió sepultura en la iglesia de San Salvador de Oviedo, que él había ordenado edificar, y en la que también fue sepultada su esposa, la reina Munnia de Álava. Posteriormente, la iglesia de San Salvador de Oviedo fue saqueada y arrasada, en el año 794, por las tropas musulmanas y, a continuación, el rey Alfonso II de Asturias ordenó la reedificación del mismo trasladando los restos mortales de Fruela I a la capilla del Rey Casto de la catedral de Oviedo, lo que supondría que en la actualidad yacen junto a los de los otros monarcas allí sepultados.

 Aurelio de Asturias gobernó entre los años 768 y 774, hijo de Fruela de Cantabria y hermano de los reyes Alfonso I y Bermudo I. Fue escogido por la nobleza asturiana para suceder a su primo hermano Fruela I, quien había sido asesinado en una revuelta palaciega. Apenas disponemos de datos biográficos sobre los primeros años de su vida, aunque desde su nacimiento debió recibir un trato de privilegio, debido a la destacada posición que ocupó su padre en la corte de su tío. A pesar de los pocos datos que disponemos, todo parece indicar que Aurelio fue uno de los nobles que mostró abiertamente su descontento hacia Fruela I, por lo que desde fechas muy tempranas debió apoyar la causa de Vimarano y tras el fallecimiento de éste, debió colocarse a la cabeza de los nobles que llevaron a cabo el asesinato del mencionado monarca en el año 768, lo cual explicaría que en la posterior elección, fuera elegido para ocupar el trono asturiano prácticamente sin oposición y que el futuro Alfonso II el Casto tuviera que huir precipitadamente junto a su madre a las Vardulias, junto a la familia de ésta . Las crónicas de la época no mencionan que el rey Aurelio tuviese mujer o hijos.
Durante el reinado de Aurelio, el cual apenas duró 6 años, se detecta por primera vez en los monarcas astures un profundo cambio de actitud frente a los musulmanes, puesto que tras producirse el advenimiento de éste al trono se iniciaron las negociaciones con la corte de Abd al-Rahman I, con el fin de obtener la paz entre ambos reinos. De este modo debido a la posición de fuerza que ejerció el primer emir Omeya, Aurelio debió comprar la paz a un precio muy elevado, que se tradujo en el pago de importantes tributos, tanto en moneda como en especie, y que obligó al rey asturiano a entregar como garantía de sus intenciones gran número de rehenes, que según la leyenda habría dado origen al topónimo de la localidad de El Entrego.
A pesar de que rey Aurelio logró mantener la paz en el exterior, no se puede decir lo mismo del interior de su reino, donde se produjo una sublevación de los siervos. Todas las crónicas asturianas que se conservan nos hablan de esta sublevación como los primeros movimientos sociales de contestación anti señorial de la Edad Media peninsular, en ningún momento nos hablan de las causas que provocaron este estallido violento. Algunos investigadores atribuyen al aumento de la presión fiscal, la causa principal que justifica esta sublevación, la cual fue muy difícil de acallar, aunque finalmente los siervos fueron aplacados y regresaron a sus labores, fundamentalmente agrarias. La localización de esta rebelión no se conoce, pero sí está claro que debió de tener gran importancia.
Falleció por enfermedad, en el año 774, tras haber reinado seis años, en el municipio asturiano de San Martín del Rey Aurelio, municipio que entonces formaba parte de Langreo, y donde al parecer tenía su principal residencia, y por tanto hacía las veces de capital del Reino de Asturias. Existe controversia entre los historiadores sobre el paradero de los restos mortales del rey Aurelio, las crónicas asturianas y diversas teorías relatan que fue sepultado donde tenía su residencia, en el Valle de Langreo, iglesia de San Martín de San Martín del rey Aurelio, donde está un sepulcro que reza "Rey Aurelio". Lo sucedió el rey Silo de Asturias, quien estaba casado con su prima Adosinda, hija del rey Alfonso I de Asturias.

 

 Silo gobernó como rey en Asturias entre los años 774 y 783, sucedió al rey Aurelio. Accedió al trono al estar casado con Adosinda, hija del rey Alfonso I el Católico y hermana del rey Fruela I. Trasladó la capital del reino de Cangas de Onís a Pravia ya que formaba parte de la aristocracia local y tenía tierras en esos territorios, además, el traslado de la corte obedecía a motivos estratégicos y geográficos.
El acceso al trono era en aquel momento electivo, como lo había sido en el reino visigodo, pero no obstante restringido a las familias reinantes, pasando de padres a hijos preferentemente, y si no fuese posible, al marido de la hija del rey, como en el caso de Alfonso I y el de Silo, o bien a otro varón de las familias reales en condiciones de gobernar.
Su reinado coincidió con la época de Abderramán I, emir Omeya de Córdoba, y de Carlomagno, rey de los francos. Vivió en paz con los musulmanes prosiguiendo así la política de su antecesor, probablemente su madre era musulmana con algún tipo de ascendente sobre Abd-al-Rahman esto explicaría la inactividad musulmana respecto al reino de Asturias, también coincidiría en el tiempo con la intervención de Carlomagno en el asedio a la ciudad de Zaragoza retirándose este por Roncesvalles, sufriendo allí una gran derrota y la subsiguiente campaña en venganza contra los que habían propiciado la invasión franca.
Sin embargo en el interior se produce la segunda rebelión de Galicia, después de la que hubo en tiempos de Fruela I, sin que las crónicas aclaren los motivos y protagonistas de la misma. Los rebeldes reunieron un ejército que se enfrentó a las tropas de Silo en Monte Cubeiro (Lugo) donde fueron derrotados y la rebelión sofocada.
Durante el reinado de Silo se produjo el documento escrito medieval más antiguo que se conoce de la Península Ibérica, en el año 775 donaría a varios religiosos ciertas propiedades en un lugar cercano a Lugo. También se llevó a cabo la construcción del monasterio de San Juan Evangelista, en la mencionada corte de Pravia, donde se depositaron los restos de Santa Eulalia o Olalla, recogidos al parecer en una expedición que realizó el propio monarca a Mérida durante su reinado. Importante es por su valor histórico la piedra laberíntica, que se instaló en el dintel de la entrada principal de la mencionada iglesia, donde se puede leer la siguiente inscripción: SILO PRINCEPS FECIT (Lo hizo el príncipe Silo), desde diferentes puntos de vista. También parece que durante esta época, concretamente en el año 776, Beato de Liébana, consejero de la reina, concluyó su Traductus de Apocalypsi, obra de gran interés por su gran valor material e histórico
El rey Silo falleció en Pravia en el año 783 nueve años después de haber ocupado el trono al parecer por causas naturales. Su muerte abrió un periodo de crisis en la monarquía, al no tener descendencia, Silo y Adosinda favorecieron a Alfonso, hijo de Fruela I, y sobrino de esta, nombrándolo gobernador del Palatium siendo aún muy joven. La reina consiguió hacer elegir rey a su sobrino Alfonso antes de fallecer Silo, pero una revuelta dio el trono a Mauregato, hijo ilegítimo de Alfonso I de Asturias, habido con una esclava de origen musulmán.
Después de su defunción, el cadáver del rey Silo recibió sepultura en la iglesia de San Juan de Santianes de Pravia, que el monarca asturiano había ordenado erigir, y en la que aún se conserva la tumba en la que se supone que yacen los restos del rey y los de su esposa, la reina Adosinda, que fue inhumada en el mismo templo

 

 Mauregato de Asturias reino entre los años 783 y 789, fue hijo natural del rey Alfonso I de Asturias y de la esclava musulmana Sisalda. Al morir el rey Silo, fue elegido como rey el hijo de Fruela I, el joven Alfonso II, a instancias de la reina Adosinda, en un intento de elevar al trono a un miembro de su linaje. Sin embargo, parte de la nobleza asturiana apoyó a Mauregato que encabezó una fuerte oposición, obligando al nuevo rey a retirarse hacia tierras alavesas. Tras ello, Mauregato se apropió del poder en Asturias, proclamándose rey. Prueba de los numerosos apoyos con los que contó Mauregato es que durante los 5 años y 6 meses que permaneció en el poder, no tuvo que hacer frente a ningún tipo de sublevación interna. Contrajo matrimonio con Creusa y fruto de dicha unión habría nacido un hijo Hermenegildo. Su elección alejaba del trono a la sangre de Pelayo pues Alfonso II el Casto era hijo de Fruela I que a su vez era hijo de Alfonso I el católico y de Ermesinda hija de Pelayo y hermana de Favila.
Por lo tanto en la figura del heredero legítimo que representaba Alfonso II el Casto se unían las dos ramas de la sangre real que conformaban a la dinastía asturiana; por un lado la cántabra del duque Pedro y por la otra la astur del rey Don Pelayo.
Hay que destacar que durante estos años se produjo un gran avance en la organización y administración del reino astur, sobre todo en materia religiosa, puesto que durante este reinado la monarquía Asturiana reafirmó su independencia religiosa con respecto a Toledo, ya que el monarca muy influenciado por algunos de sus obispos y sobre todo por el personaje denominado Beato de Liébana, se negó aceptar la llamada herejía adopcionista, por lo que se separó de la doctrina emitida por el arzobispo de la mencionada ciudad de Toledo, el cual decidió aceptar ésta herejía con el fin de evitar que la corte de Carlomagno, lograra sus propósitos de obtener su independencia respecto a la sede toledana. Además durante el reinado de Mauregato el culto al Apóstol Santiago se desarrolló profundamente, gracias sin duda a la composición del Himno Jacobeo, el cual está dedicado al monarca y que se convirtió años después, en un importante elemento dinamizador del ideal de Reconquista.
Por lo que respecta a los musulmanes, Mauregato mantuvo la política de paz que habían desarrollado sus antecesores. De este modo tras realizar nuevas negociaciones, logró comprar la paz a costa de entregar importantes tributos al emir de Córdoba, tanto en moneda como en especie, entre los que se encontraba el famoso Tributo de las cien doncellas.
Mauregato murió en su corte de Pravia por causas naturales en el año 788, tras su muerte, es elegido rey por los nobles Bermudo I de Asturias, sobrino de Alfonso I, como su sucesor. Los restos del rey Mauregato recibieron sepultura en la iglesia de San Juan en Santianes de Pravia, en la misma iglesia que habían recibido sepultura el rey Silo de Asturias y su esposa, la reina Adosinda, hija del rey Alfonso I el Católico, y hermanastra del rey Mauregato.

 

  Bermudo I rey de Asturias del 789 al 791.Era hijo de Fruela de Cantabria, hermano del rey Aurelio de Asturias, sobrino de Alfonso I y nieto del duque Pedro de Cantabria. Fue elegido por los nobles para reemplazar en el trono al rey Mauregato, aunque le costo asumir el trono porque su padre le había destinado a la carrera eclesiástica y por ello fue llamado el Diácono. Después de su coronación contrajo matrimonio con Ozenda (Adosinda) y fueron padres de Ramiro I de Asturias quien heredó el trono a la muerte del rey Alfonso II.
Por lo que respecta a su reinado, hizo todo lo posible por reconciliar a las distintas facciones nobiliarias que se encontraban enfrentadas, para mantener la paz en el interior. Pero sin duda lo que marco su reinado fue el cambio político que se vivió en al-Andalus en aquellos años. Así en el año 788, llegó al poder el segundo hijo de Abd al-Rahman I, Hisham I, el cual debido a sus profundas convicciones religiosas y una vez que su poder estuvo consolidado, decidió acabar definitivamente con los reinos cristianos del norte de la Península, llevando así hasta las últimas consecuencias el ideal de guerra santa. Poco tiempo después tras 20 años de tregua el ejército musulmán atacó dividido en dos columnas el reino asturiano. Nada pudo hacer Bermudo por defender Álava y la región de las Vardulias, aunque sí intentó defender Galicia, al frente de un ejército cristiano. De este modo tras haber asolado amplias zonas de Galicia, los musulmanes emprendieron el camino de regreso con la intención de atacar Astorga, pero no pudieron llegar a la mencionada ciudad puesto que en las proximidades de la actual Villafranca del Bierzo, las tropas de Bermudo I le salieron al paso en la batalla de Burbia, en la cual el monarca astur sufrió una grave derrota, mucho impresionó esta derrota al rey Diácono, ya que inmediatamente después ordenó llamar al futuro Alfonso II, con la intención de que éste asumiera el mando de sus ejércitos y decidió, tras negociar con los nobles, renunciar a su cargo y favorecer la elección del mencionado rey Casto, el cual aceptó la responsabilidad y tras años de destierro intentó demostrar sus dotes como monarca. Poco después de entregar el poder regresó a sus antiguas ocupaciones eclesiásticas y como consecuencia abandonando a su esposa. Pero a pesar de su renuncia todas las crónicas asturianas coinciden en señalar que permaneció junto al nuevo monarca como un leal servidor, hasta el momento de su muerte. Así no hay duda entre la mayor parte de los historiadores que las buenas relaciones que mantuvo con Alfonso, fue la principal causa de que éste asociara al trono a su hijo
Falleció de muerte natural en Oviedo a la edad de 57 años, en el año 797 y pasó a la historia como un rey generoso, magnánimo e ilustrado que demostró gran bondad e inteligencia al abdica. Existe controversia entre los historiadores sobre el paradero de los restos del rey Bermudo I, pues mientras que algunos señalan que sus restos descansan en la capilla del Rey Casto de la catedral de Oviedo, otros manifiestan que se encuentran en el monasterio de San Juan de Corias.

 

 Alfonso II de Asturias apodado el Casto fue rey de Asturias en dos periodos distintos: primero, en el año 783, y posteriormente, entre los años 791 y 842. Nació en Oviedo en el año 760. Era hijo de Fruela I y Munia, cautiva de origen vasco, tuvo una hermana llamada Jimena, contrajo matrimonio con Berta, emparentada según algunos historiadores con la Casa real francesa. Sin embargo, las crónicas de la época señalan que el rey Alfonso II no mantuvo relaciones íntimas con su esposa y que falleció sin dejar descendencia. Siendo aún un niño, murió asesinado su padre, debió esperar largo tiempo y cuatro reinados hasta que en 791 pudo ser él coronado, después de haber sido apartado del trono en 768 y depuesto en 783.
A la muerte de su padre el trono astur era ocupado por un primo de Fruela I, Aurelio, el pequeño Alfonso fue enviado a un monasterio gallego para su educación y formación. Años después, reinando ya sus tíos Silo y Adosinda, fue llamado a la corte de Pravia y llegó a compartir con ellos tareas de gobierno, cuando en 783 falleció Silo, su tía y parte de la nobleza le colocaron en el trono, sin embargo fue inmediatamente destronado por un hermanastro de Silo llamado Mauregato, hijo ilegítimo de Alfonso I. En esta ocasión, Alfonso se refugió en Álava, junto a los parientes vascos de su madre, tras la muerte de Mauregato, después de cinco años de gobierno, fue elegido rey Bermudo I, hermano de Aurelio, que a los tres años en el trono abdicó en su favor, tras una derrota ante los musulmanes de al Andalus. 

                                                                                                                                                          
Fue nombrado rey en el 791 y traslada la capital del reino a Oviedo, pequeña población que ya existía desde hacía algún tiempo, no sólo era donde él había nacido, sino que estaba bien protegida por los montes cercanos y situados en una posición más central que las anteriores capitales. Reconstruyó y engrandeció Oviedo según un verdadero plan monumental, utilizando un estilo constructivo propio, convirtiendo estos en los orígenes del arte asturiano. Así, edificó un palacio que incluía la Cámara Santa (capilla relicario que existe aún hoy, donde se guardaban además de reliquias traídas del reino visigodo, la valiosa Cruz de los Ángeles también fue lugar de peregrinación), con la catedral de San Salvador al norte, y junto a esta la iglesia-panteón real de Santa María del Rey Casto y la de San Juan Bautista (hoy San Pelayo). Al suroeste, la iglesia de San Tirso. En el lado contrario estaba el monasterio de San Vicente, primitivo origen de la ciudad y por tanto anterior a Alfonso II; también lo eran el palacio y la catedral, pero en este caso el monarca los levantó de nuevo casi por completo. Todo este conjunto estaba rodeado por una muralla. Fuera de ella, pero en las proximidades, la iglesia y residencia regia de San Julián de los Prados (Santullano), una de las muestras más importantes del arte prerrománico asturiano, y algo más apartadas, las de San Pedro de Nora y Santa María de Bendones.   

 

 Guiado del deseo de vincular la monarquía asturiana con la visigoda acometió una importante reforma de su reino: creó nuevas instituciones de gobierno; impulsó la repoblación y reorganizó la iglesia asturiana, creando en Oviedo una sede episcopal, ello fue facilitado por un larguísimo reinado de algo más de medio siglo: cuando subió al trono tenía en torno a los treinta años de edad. La situación interna del reinado de Alfonso II tuvo un momento de gravedad entre los años 801 y 808, cuando el rey fue obligado a retirarse al monasterio de Ablaña ante la presión de un grupo nobiliario, recuperó el trono unos años después.
Se sabe que mantuvo contactos con el emperador Carlomagno, pues hay constancia de que tres delegaciones de la Gallaecia viajaron a la corte de los francos. Por una parte, se piensa que pudo ser para mantener la integridad de su reino frente a los ataques de los musulmanes de al-Andalus, también se cree que pudo tener relación con la herejía adopcionista contra la que Carlomagno combatía activamente.
Saqueó Lisboa en 798 aprovechando disensiones en el gobierno de Córdoba y venció a los musulmanes varias veces gracias a las cuales afianza su presencia en Galicia, León y Castilla, que reorganizará políticamente.
La tradición afirma que bajo su reinado se produjo el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago en Compostela, fue trascendental para la religiosidad y cultura medieval de aquel entonces haber encontrado los restos de Santiago el Mayor, Alfonso II oficializó el descubrimiento al construir sobre el lugar un sencillo templo. La noticia se difundió rápidamente incluso más allá de los Pirineos, organizándose todavía en vida de este monarca la peregrinación peninsular, las primeras rutas del conocido "Camino de Santiago".
Al no tener hijos le sucedió en el trono Ramiro I, que lo era de su antecesor Bermudo I, no sin que el conde Nepociano tratase de hacerse con la corona. Después de su defunción, el cadáver del rey Alfonso II recibió sepultura en el Panteón de reyes de la iglesia de Ntra. Sra. del Rey Casto de Oviedo, que el monarca había ordenado erigir.

 

 Ramiro I de fue rey de Asturias entre los años 842 y 850. Era hijo de Bermudo I el Diácono y de la reina Uzenda. Contrajo un primer matrimonio alrededor del año 820 con Urraca, fruto de este matrimonio nació Ordoño el cual heredaría el trono asturiano. Posteriormente, Ramiro I contrajo un segundo matrimonio, alrededor del año 842 con Paterna, de origen castellano. En el momento en que falleció el rey Alfonso II el Casto, Ramiro I se encontraba fuera de Asturias, concretamente en Bardulia, para casarse por segunda vez. Esta ausencia fue aprovechada por el cuñado del rey, Nepociano que se hizo ungir rey, apoyado por astures y vascones, quienes siempre se habían mantenido leales a Alfonso II, Ramiro I buscó apoyo en Galicia, donde reunió un ejército, y avanzó hacia Oviedo. Nepociano aguardó la llegada de Ramiro I en Cornellana, junto al río Narcea. Las tropas de Nepociano se negaron a combatir, y éste tuvo que huir.
Ramiro pasó la mayor parte de su infancia y su juventud en la corte de Alfonso II el Casto, el cual parece que le tuvo en alta estima, ya que nunca esperó tener un heredero. Así recibió una educación esmerada, que le hizo ser un gran amante del arte durante toda su vida, y una sólida formación militar, que completó participando en algunas de las campañas emprendidas por su protector.
Tras años al servicio de la monarquía astur, finalmente en el año 829, cuando contaba con 37 años, fue asociado abiertamente al trono, puesto que parece claro que Alfonso II hizo público su deseo de que éste le sucediera, en una asamblea de notables reunida en la ciudad de Oviedo. Además el rey Casto, que consideraba a Ramiro un hombre merecedor de toda su confianza decidió enviarle en el año 830 a Galicia, en calidad de gobernador, otorgándole poderes absolutos. No hay duda que estos años fuera de la corte asturiana le ayudaron a formar un importante círculo de seguidores, los cuales le mostraron su apoyo en los momentos difíciles.

 

 Ramiro I sucedió en el trono asturiano al rey Alfonso II el Casto, quien falleció sin dejar sucesión. Poco después de ser proclamado rey, los piratas normandos atacaron algún punto del reino con poco éxito, pero también varios del reino de al-Andalus Éstos acontecimientos influyeron notablemente en el reino de Asturias, pues Abderramán II, coetáneo emir omeya de Córdoba, que además de hacer frente a los invasores normandos, hubo de enfrentarse a los problemas internos de su reino, se vio imposibilitado para atacar el reino de Asturias, y Ramiro I disfrutó de varios años de paz exterior. En contraposición a la relativa calma exterior de que gozó el reino, los problemas internos en el mismo se acentuaron. La problemática ascensión al trono hizo que las rebeliones de diversos nobles, descontentos con el rey Ramiro I se propagasen.
Durante el reinado de Ramiro I de Asturias se desarrolló el arte prerrománico asturiano, y a los monumentos de su época se les denomina de estilo ramirense. En las faldas meridionales del Monte Naranco, situado junto a la ciudad de Oviedo, el rey Ramiro I ordenó construir el palacio de Santa María del Naranco, y una iglesia, llamada de San Miguel de Lillo o Liño. En la época de Ramiro I se emplearon en el reino de Asturias las bóvedas de cañón, de ligera piedra toba, y que eran una novedad no sólo respecto a las construcciones anteriores, sino con respecto las que en esos momentos se construían en Europa y en la España dominada por los musulmanes, y que eran de madera. También fue edificada en esta época la iglesia de Santa Cristina de Lena, situada en las cercanías del municipio de Lena, y a unos treinta kilómetros de la ciudad de Oviedo. Todos estos edificios están declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.
Ramiro I falleció el día 1 de febrero del año 850, en su palacio de Santa María del Naranco, ubicado en el monte Naranco, en las cercanías de la ciudad de Oviedo. Recibió sepultura en el Panteón de Reyes de la iglesia de Nuestra Señora del Rey Casto, de la ciudad de Oviedo junto con su segunda esposa, la reina Paterna. Le sucedió al frente del reino astur su hijo Ordoño I, estableciendo así una línea de sucesión patrilineal que ponía fin a los problemas derivados del tradicional sistema gentilicio.  

 

 Ordoño I rey de Asturias entre los años 850 y 866. Fue hijo del rey Ramiro I de Asturias, y padre de Alfonso III el Magno. Pasó los primeros años de su vida en Oviedo, en la corte de Alfonso II, y fue probablemente asociado al trono en su juventud. A la edad de nueve años se trasladó a Galicia con su familia, región de la que su padre había sido nombrado gobernador. Completó su educación en la ciudad de Lugo, donde residía, y allí mismo inició su formación militar.
Fue nombrado gobernador provisional de Galicia mientras su padre, Ramiro I, acudía a las Bardulias para contraer matrimonio con Paterna, que sería su segunda esposa. Durante dicho viaje, la vida de Ordoño cambió radicalmente, puesto que durante el mismo falleció Alfonso II. Todo parecía indicar que Ramiro sería proclamado rey de inmediato, pero Nepociano, un noble que contaba con numerosos apoyos, se hizo proclamar rey de Asturias, hecho que favoreció la ausencia de Ramiro. Ordoño colaboró entonces en las tareas de organización del ejército que su padre quería utilizar contra Nepociano, aunque no luchó, puesto que quedó en Galicia como gobernador, todavía provisional. Tras el ascenso de Ramiro al trono, quedó confirmado en dicho puesto. Poco después, a la edad de 26 años, contrajo matrimonio con una noble llamada Munia o Nuña, de esta unión nacieron al menos seis hijos, de los cuales el primogénito fue Alfonso III el Magno.
Sucedió a su padre Ramiro I a su muerte, acaecida el día 1 de enero del 850. De esta forma se convirtió en el primer rey de Asturias en acceder al trono por herencia, no por elección de la nobleza. Poco después tuvo que hacer frente a una sublevación de los vascones, tras sofocar la rebelión, y mientras regresaba a Oviedo, tuvo noticias de que los musulmanes tenían intención de atacar las Vardulias. Ante esto se dirigió a su encuentro y les venció en las orillas del Ebro. En cuanto a sus relaciones con Al-Ándalus, apoyó a los mozárabes de Toledo, sublevados contra la autoridad del emir de Córdoba, acción que le valió una derrota y le obligó a consolidarse en la zona comprendida entre el Duero y la Cordillera Cantábrica, repoblando y amurallando las ciudades más importantes, convirtiéndolas en la defensa del reino. No se vio libre tampoco Ordoño de los ataques de los piratas normandos, que entre los años 858 y 861 realizaron numerosas incursiones en la Península Ibérica; intentaron atacar las costas gallegas y fueron rechazados.
Ordoño I, enfermo de gota, falleció en la ciudad de Oviedo el día 27 de mayo del año 866, y fue sucedido en el trono por su hijo primogénito, Alfonso III el Magno. Recibió sepultura en el Panteón de reyes de la capilla de Nuestra Señora del Rey Casto de la Catedral de Oviedo, en el que también fue sepultada su esposa, la reina Nuña En el sepulcro de piedra en el que fueron depositados sus restos mortales, que estaba colocado junto al de Alfonso II el Casto.

 

Alfonso III de Asturias, llamado el Magno fue el rey de Asturias desde el año 866 hasta 909, poco antes de su defunción, ocurrida en el año 910. Hijo y sucesor de Ordoño I y de su esposa, la reina Nuña, fue el último rey asturiano, o el primero de León, ya que en esta ciudad residió largas temporadas, y allí tenía su Consejo de Gobierno y Tribunal de Justicia.
Muy pronto abandonó Alfonso Galicia, ya que tras producirse la muerte de su abuelo Ramiro I, su padre decidió partir a la capital del Reino Astur, para ser proclamado monarca. Pronto dio comienzo la educación del joven príncipe, puesto que Ordoño I se mostró interesado en que fuera formado para ser un buen rey desde su infancia. En el año 862 consideró Ordoño I que la educación que había recibido su hijo había sido suficiente, por lo que decidió enviarle a Galicia en calidad de gobernador. Con un doble propósito, ya que por un lado Alfonso debía representar en estas tierras al monarca y por otro debía completar su formación.
Tras considerar sus opciones, decidió casarse con Jimena, la hija del rey de Navarra García I Íñiguez, fruto de su matrimonio nacieron ocho hijos de los cuales surgen los tres primeros reyes propiamente leoneses, García, Ordoño y Fruela, que ya en vida de su padre gobernaron respectivamente la frontera centro-oriental, la futura Castilla, Galicia y Portugal, y Asturias.
Cuando Ordoño I murió dejo como heredero de todas sus posesiones a Alfonso. El nuevo monarca confió en que todos sus derechos serían respetados por los nobles astures, por lo que no marchó a Asturias hasta dejar en orden todos los asuntos de Galicia. Pero muy pronto se convencería de lo contrario, puesto que tras iniciar su viaje, recibió la noticia de que Fruela Vermúdez se había proclamado rey aprovechando su ausencia. Acompañado por un séquito reducido, Alfonso decidió refugiarse en Castilla, donde fue recibido por el conde de este territorio, Rodrigo, el cual le ayudó a organizar un ejército con el que marchó hacia Oviedo. No fue necesario que se enfrentara con el citado Fruela Vermúdez, puesto que una vez conocida la noticia de que Alfonso se proponía derribarle con un poderoso ejército, éste fue traicionado y murió asesinado. De este modo a finales del año 866 Alfonso fue coronado sin problemas en la Iglesia del Salvador.

 

 Desde su ascenso al poder hubo de hacer frente a una serie de revueltas nobiliarias de vascones y otros conatos de rebelión en la propia dinastía. Llevó a cabo una fuerte actividad repobladora, acogiendo a una importante inmigración mozárabe y consolidó el Duero como frontera meridional del reino, en torno a las plazas fuertes de Toro y Zamora. Su padre, Ordoño, había comenzado la repoblación de los territorios fronterizos, y continuó con ello, en 878 envió a sus tropas para apoderarse del norte de Portugal, conquistando así Coímbra y Oporto, y situando la frontera sudoccidental en el río Mondeg.
Alfonso III tuvo que hacer frente a las ofensivas del príncipe omeya al-Mundir, hijo del emir cordobés Mohámed I. La lucha fue casi constante entre 875 y 883. Luchó enérgicamente contra los musulmanes, a los que derrotó varias veces y también hizo pactos con ellos. El emir Mohámed se vio obligado a pagar rescate después de algunas de sus derrotas y a firmar una tregua de tres años; era la primera vez que Córdoba pedía la paz. Ambos reyes consideraron la tregua como un paréntesis, preparándose para las siguientes incursiones sobre todo musulmanas. En 884 Mohámed I y Alfonso III firmaron la paz, pues ambos empezaban a tener serios problemas internos. Los límites de sus territorios serán el Cantábrico por el norte, el río Duero por el sur, el Atlántico por el oeste y Navarra por el este. Para esta empresa se aprovechó de los sucesivos levantamientos de bereberes, árabes y muladíes contra el poder Omeya, firmando alianzas con los disidentes se convertirán en sus aliados ocasionales. Además, su matrimonio con Jimena le acerca a Pamplona, lo que le servirá para estabilizar la frontera oriental.
Sin embargo, no podemos reducir su biografía al terreno de la política, puesto que el Rey Magno fue además un gran impulsor de la cultura y de las artes, aspectos que completan el perfil del que fue probablemente el monarca más importante en la historia del reino astur. Durante el mandato del Rey Magno, se recopiló una escogida biblioteca y se potenció la realización de estudios historiográficos. Fruto de este esfuerzo fue la elaboración de la llamada Crónica de Alfonso III. También se redactaron la Crónica Profética y la Albeldense, que junto con la anterior configuran el primer ciclo cronístico de la Reconquista. En el plano artístico, el monarca astur fortifico la ciudad de Oviedo. Allí construyó obras civiles, como la Foncalada, una fuente que todavía hoy puede verse en plena ciudad moderna. En el valle de Boides, próximo a Villaviciosa, creó un conjunto de pabellones reales unido a una capilla palatina. De ellos sólo se ha conservado la iglesia, que al estar próxima al monasterio cisterciense de Santa María de Valdediós, se la conoce actualmente como San Salvador de Valdediós. A orillas del río Turbia, funda la iglesia de San Adriano de Tuñón. Además, mandó construir la desaparecida iglesia del Salvador, dentro del castillo de Gozón, fortaleza costera que edificó para prevenir nuevos ataques normandos, de allí salieron piezas tan valiosas como la cruz que Alfonso III que ordenó fabricar para adornar la basílica de Compostela o la impresionante Cruz de la Victoria, concluida en el año 908, que fue donada a la catedral de Oviedo, donde se conserva en la actualidad, en la Cámara Santa. Además, del taller de Gozón salieron dos relicarios, el de la caja de las Ágatas, conservado también en la Cámara Santa y una caja-relicario conservada en Astorga. Bajo su reinado, pero no por su iniciativa, se crearon las iglesias de Santiago de Gobiendes y San Salvador de Priesca. A petición de Sisnando, obispo de Compostela, reemplazó el antiguo santuario que cobijaba al Apóstol por un templo que, por su envergadura e importancia, debió de constituir el ejemplo más valioso de la etapa final del arte astur. Fue incendiado en el 997 por Almanzor, hasta que años más tarde, el edificio románico acabó por sepultar la primitiva construcción. En el año 892 fundo el monasterio de San Salvador de Valdedios y realizo además importantes donaciones a la catedral de Oviedo y de Lugo en el año 897. Entre los años 905 y 909 el monarca astur permaneció largas temporadas junto con su familia en la ciudad de Oviedo, donde presidió en el 905 la inauguración de la catedral.

 

 Su tranquilidad nuevamente iba ser perturbada, puesto que en el año 909 su hijo primogénito García se sublevó con la ayuda de sus hermanos. De este modo Alfonso III decidido a frenar las ambiciones de éste y tras poner sitio a la ciudad de Zamora, donde éste se había refugiado, logró hacerle prisionero. Dicho castigo fue considerado excesivo por la mayor parte de sus familiares, que muy pronto se pusieron en contra del monarca, que se vio obligado a repartir sus territorios entre sus hijos y abandonar el poder a finales de ese mismo año. A pesar de que el reino quedó dividido ninguno de sus hijos se proclamó monarca hasta la muerte de su padre. Prueba que sus relaciones sino amigables, fueron cordiales con García I, Alfonso III obtuvo el permiso de éste para realizar una última campaña por tierras de al-Andalus, de la cual sabemos que obtuvo un cuantioso botín.
Alfonso III murió el 20 de diciembre de 910 a la edad de 62 años, en la ciudad de Zamora. Desde ese momento, el Reino de Asturias, engrandecido ya de forma majestuosa y con extensos territorios que gobernar, trasladará la capital desde Oviedo a León y comenzará a hablarse del Reino de León, con ocasionales divisiones del reino Asturleonés entre Asturias, Galicia y León. Aunque el reino es dividido entre sus tres hijos durante unos años: para García, León; para Ordoño, Galicia y para Fruela, Asturias. Nada podía resultar más conveniente para los enemigos que la división y fragmentación del reino. De este modo termina la capitalidad de Oviedo. Por fortuna, Ordoño redujo a sus hermanos, los desposeyó de sus reinos y terminó con la aventura separatista, estableciendo su capital en León, al otro lado de las montañas. Tras la muerte de Alfonso III sus restos fueron depositados en una urna en la catedral de Astorga, donde permanecieron hasta que fueron trasladados a la iglesia de Santa María de Oviedo, para acabar finalmente, desde el siglo XVII, instalados en el panteón real de la catedral de la mencionada ciudad. De los 188 años que duró la monarquía asturiana, más de la mitad fueron ocupados por los reinados de Alfonso II (que duró 51 años) y de Alfonso III (44 años).